Ana Villanueva
10 OCT - 06 NOV 2026

10 OCT – 06 NOV 2026

OBLIQUO presenta La Carencia de Ana Villanueva, una muestra site-specific concebida para la nueva sede de OBLIQUO en Carabanchel. La exposición, comisariada por Mario Gutiérrez Cru, se realiza con el apoyo de PROYECTOR.

La Carencia habla de memoria, pérdida y de esa necesidad profundamente humana —y quizá imposible— de decidir qué conservar y qué dejar desaparecer.

En esta nueva versión, la obra se concentra en una única fotografía encontrada. Una imagen familiar anónima, perteneciente a una historia que desconocemos y que, sin embargo, reconocemos. No sabemos quiénes son esas personas ni qué ocurrió antes o después del instante fotografiado, pero hay algo en ella que nos resulta próximo: la familiaridad de los gestos, la construcción de un recuerdo feliz, la intuición de una vida que continuó mucho más allá de los límites de la imagen.

La fotografía procede originalmente de una diapositiva, pero el dispositivo analógico ha desaparecido. Para su presentación en OBLIQUO, la imagen ha sido digitalizada y trasladada a la pantalla, produciendo un desplazamiento material que también modifica nuestra relación con ella. Ya no observamos un objeto fotográfico proyectado, sino su traducción digital: una imagen separada de su soporte original, susceptible de persistir, reproducirse y transformarse indefinidamente.

Y, sin embargo, también desaparece.

La obra introduce una fractura en esa promesa contemporánea de conservación ilimitada. La imagen comienza lentamente a degradarse, a perder definición, materia y presencia. Aquello que había sido fijado para resistir al tiempo vuelve a quedar sometido a él. La digitalización no salva el recuerdo; únicamente transforma la forma de su desaparición.

Una voz acompaña este proceso. Alguien relata cómo, después de años sin escribir, encuentra un viejo baúl lleno de fotografías, cartas, objetos y recuerdos de una relación pasada. Volver a ellos supone revivir una historia, pero también experimentar el peso físico de lo ausente. La decisión de desprenderse de esos objetos no equivale necesariamente a olvidar: obliga, más bien, a preguntarse qué memoria conservamos, cuál dejamos atrás y quién decide qué merece permanecer.

La voz introduce así una dimensión íntima que desestabiliza todavía más la condición anónima de la fotografía. No sabemos si esa historia pertenece a quienes aparecen en la imagen. Tampoco importa del todo. Imagen y relato se aproximan sin llegar a encajar completamente, creando un territorio intermedio donde el recuerdo de otro comienza inevitablemente a mezclarse con el nuestro.

Como señala González Requena, la distancia constitutiva de la mirada revela siempre «la huella de una carencia». En esta obra, la distancia entre quien mira y aquello que mira está atravesada por una ausencia imposible de reparar. Contemplamos una imagen que pertenece a alguien que no conocemos; escuchamos una historia que tampoco nos pertenece y, sin embargo, ambas activan mecanismos profundamente personales de identificación, pérdida y memoria.

Hay además una contradicción esencial en el propio acto de conservar. Guardamos fotografías porque sabemos que los cuerpos cambian, las relaciones terminan y las personas desaparecen. La imagen nace, en cierto sentido, de la conciencia de esa pérdida futura. Fotografiar significa afirmar: esto ocurrió. Pero también, inevitablemente: esto ya no está ocurriendo.

Para su adaptación site-specific en OBLIQUO, La Carencia abandona la intimidad del álbum y se expone directamente a la calle. La imagen privada de una familia desconocida aparece ahora en el escaparate de Carabanchel, sometida a una mirada pública y accidental. Personas que quizá nunca entren en una exposición pueden encontrarse durante unos segundos con el recuerdo de alguien a quien nunca conocieron.

Ese desplazamiento de lo doméstico hacia lo público intensifica la paradoja de la obra. Una imagen concebida originalmente para preservar una memoria privada termina convertida en memoria colectiva, justo en el momento en que comienza a desaparecer.

La Carencia no intenta reconstruir aquello que se ha perdido ni completar la historia que falta. Se instala precisamente en ese vacío. Entre la presencia y la ausencia, entre conservar y destruir, entre recordar y decidir olvidar.

Porque quizá la memoria no consista únicamente en aquello que logramos guardar, sino también en todo aquello que, incluso después de desaparecer, continúa dejando una huella.

Creo que ahora sí está mucho más cerca de esta versión concreta de la obra. Y el audio le da algo que antes apenas aparecía: no sólo estamos ante la destrucción de una imagen, sino ante la decisión consciente de desprenderse del recuerdo, que es bastante más dolorosa que una simple erosión del tiempo.

OBLIQUO
Calle Alejandro Sánchez 94, Madrid.
Horario de L-D de 9-21h.

La Carencia

03:25
2022-26

La temporalidad, lo efímero, la desintegración, la desaparición y la memoria se hacen presentes en esta obra. Las fotografías corresponden a instantes felices registrados por todos: Vacaciones, cumpleaños, encuentros familiares, retratos, paisajes. Las diapositivas corresponden a material encontrado familiar anónimo. La obra implica un apropiarse del material desechado, que se expone para luego ser destruido en su totalidad. El espectador recorre la obra y se proyecta en esas imágenes familiares. Comienza a darse una situación compleja, en donde compite la intimidad del espectador por la cercanía con esas imágenes, con la extrañeza generada por el distanciamiento del dispositivo. González Requena en el texto Introducción a una teoría del espectáculo nos comenta: “La distancia, pues, en tanto que elemento constitutivo del espectáculo, se nos revela como huella de una carencia, la de ese cuerpo negado del espectador, que, reducido a mirada, se entrega a la contemplación de otro cuerpo, esta vez afirmado (en su exhibición) y que por eso se manifiesta fascinante”. La obra plantea un quiebre, cuando estas imágenes, tan estáticas, como recuerdos de la memoria inmaculados que desconocen el paso del tiempo, comienzan a desvanecerse, orgánicamente. El espectador vive en forma presencial esa destrucción. Proceso irreversible que lo hace testigo de un recuerdo que nunca más existirá de esa forma.

, “…no toda transformación es inmediatamente susceptible de lectura” no dice Glusberg, y agrega “El valor de cambio que significa una alteración corporal trasciende el marco de su representación aislada: si se transgrede, mediante un gesto, un sistema congelado de conductas, se está transgrediendo, simultáneamente, las representaciones estereotipadas acerca del mundo de acciones aprobadas socialmente. Pero, esto va más allá: las actitudes convencionales, al ser transgredidas, ponen en crisis los aparatos. culturales: que, como proponen rituales de conductas, quedan al descubierto en su función reguladora.”, a partir de esto se desprende un análisis ético relacionado a la apropiación de recuerdos de otro, y su inminente destrucción. Solo tres imágenes forman parte de la obra, pero por su propio movimiento invita a la reflexión.

Las diapositivas se encuentran recubiertas de un plástico. Requena asocia el plástico con los cuerpos electrónicos que carecen de olor y de textura y parece indemne a las huellas del tiempo. Pero algo falla, y ese contenedor tan hermético deja abierto un lugar para que el olvido sea inevitable. Los recuerdos como parte vital de nuestra vida, se desvanecen.

La Carencia plantea una reflexión sobre la memoria, el tiempo y la fragilidad de la constancia. Un acto externo desequilibra el sistema de estos 3 conceptos, generando una imagen inestable que pronto llegará a su desaparición definitiva. Las imágenes se presentan como potentes retenedores de la memoria, retención utópica porque la intervención del tiempo lo invade todo. Las imágenes se sitúan entre su materialización y su desmaterialización, abriendo el análisis a la imposibilidad de reducir el tiempo y la memoria a una imagen congelada.

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Ana Villanueva

Nací en la Ciudad de Buenos Aires. Cursé la carrera de ingeniería electrónica en la Universidad de Buenos Aires (UBA), la especialización en Lenguajes Combinados en la Universidad de las Artes (UNA) y actualmente me encuentro cursando la maestría en Lenguajes Combinados en la UNA. Mi obra abarca el cine experimental, el video, las instalaciones interactivas, y los objetos sonoros. Recibí en 2019 el Primer Premio en el concurso Arte y Tecnología del Fondo Nacional de las Artes. En el año 2018, curé junto a Marto Alvarez la muestra de video ZELPORTRET480, la cual estuvo proyectada en las siguientes ciudades: AGX en Boston, Uniondocs en New York, Museo Zapadores en Madrid, La casa del Bicentenario en Buenos Aires entre otros. Mis films se han presentado en festivales como el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, Ann Arbor en USA, el Curta8 en Curitiba Brasil, el festival Super OFF en Sao Pablo Brasil, Festival Play en Argentina entre otros. Me interesa la temporalidad, lo efímero, la desintegración, la desaparición, la memoria, la imagen inestable, la materialización y su desmaterialización, la angustia y su síntoma, la aceleración del tiempo.

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09 SEP - 09 OCT 2026
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